Por el momento estuvimos tratando los cálculos del GPS de manera bastante vaga; pero en la realidad hay muchos factores que pueden afectar la señal de GPS para convertirla, de algo matemáticamente perfecto en un galimatías. Para poder aprovechar las ventajas del sistema a su máximo potencial, un receptor de GPS de buena calidad deberá tener en cuenta una variada gama de posibles errores. Veamos alguno de ellos.
Un rudo viaje a través de la atmósfera.
En primera instancia, una de las conjeturas básicas que usamos en un párrafo anterior no es completamente cierta. Hemos afirmado que se puede calcular la distancia de un satélite a un GPS multiplicando el tiempo de viaje de la señal por la velocidad de la luz. Sin embargo la velocidad de la luz es constante solamente en el vacío.
Para llegar hasta el receptor, una señal de GPS viaja a través de partículas cargadas por la ionosfera y luego atraviesa vapor de agua en la troposfera en donde pierde algo de velocidad, creando un efecto similar al error de precisión en los relojes. Se puede minimizar este problema de un par de formas. Por un lado se podría predecir cuál sería el error en un día promedio. Esto se llama modelación y puede ser de utilidad, pero por supuesto las condiciones atmosféricas no siempre se ajustan al promedio. Otra forma de manejarse con estos errores provocados por la atmosfera es tomar las señales de dos satélites y comparar su velocidad relativa. Este sistema se llama de “doble frecuencia” y es posible solamente en GPS muy avanzados.
Un rudo viaje sobre la Tierra.
Los problemas para las señales de GPS no finalizan cuando llegan al receptor. Esta señal a veces puede rebotar a causa de obstrucciones locales antes de llegar a destino. Es un error similar a las señales fantasma que podemos ver a veces en los aparatos de televisión. Los receptores más avanzados usan sistemas sofisticados para disminuir este problema.
Problemas en el satélite.
Aun sabiendo que los satélites son aparatos costosos y sofisticados, no tienen en cuenta errores muy pequeños en el sistema. Ya habíamos dicho que los relojes atómicos con que cuentan abordo son muy precisos, sin embargo no son perfectos. Pueden, y de hecho ocurren, discrepancias diminutas que a su vez se transforman en errores de medición, y aunque la ubicación de los satélites es controlada continuamente, tampoco es posible controlarla cada segundo. De esta forma, pequeños errores de posición o de Efemérides ocurren entre los tiempos de control.